No hay duda de que los humedales costeros constituyen hoy uno de los principales ecosistemas para ayudar al país en su lucha con el cambio climático. Son sumamente aptos para la fijación del carbono en su vegetación y en el barro que está debajo de los mismos. Por ello, su conservación debe ser preocupación nacional y no sólo un deber del gobierno costarricense quien los conserva en representación de todas y todos los costarricenses. De allí la rendición de cuentas constante que exige la opinión pública alrededor de conflictos como el de Isla Calero con Nicaragua y hoy día en la controversial Ruta 1856.
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