La posición de la Fundación Neotrópica frente al Proyecto Minero Crucitas: en relación a la campaña "¿Qué pasaría si todos hiciéramos algo? y su utilización en medios digitales por Crucitas - El Principio Precautorio y la perspectiva económico ecológica.
Los medios informativos que apoyan a la mina de Crucitas han querido utilizar uno de los anuncios de la campaña publicitaria de la Fundación Neotrópica en abono de sus argumentaciones. Desde el 3 de agosto el sitio web “La Verdad sobre Crucitas” incluye en sus testimonios uno de los videos de la Campaña “¿Qué Pasaría si Todos Hiciéramos Algo?”. Se ha utilizado el mismo para tratar de alinear nuestra visión con la filosofía del proyecto en cuestión.
Desde diciembre del 2008, criticamos el nivel del discurso que estaba reduciendo las argumentaciones a una obsoleta dicotomía entre desarrollo y conservación. Llamamos a utilizar la oportunidad que nos daba este conflicto para hacer reformas urgentes en el sistema jurídico ambiental nacional e insistimos en la necesidad de aportar al diálogo elementos trascendentales para la decisión (por ejemplo un apropiado análisis económico ecológico del proyecto).
Por ello deseamos aclarar que cuando nuestra campaña dice que “el desarrollo sostenible no es conservar por conservar y que debemos utilizar nuestros recursos de una forma apropiada” no hay interpretación más alejada de la realidad que el decir que con esa filosofía se puede justificar el proyecto minero en cuestión.
Vamos a ser claros, no hay experiencias de explotación minera de oro a cielo abierto que puedan considerarse sostenibles en la escala que lo propone este proyecto. Puede hablarse de compensación social y ambiental, puede hablarse de mitigación del impacto, pueden utilizarse muchas licencias semánticas para adornar esta iniciativa, pero la sostenibilidad no es una de ellas.
Se trata de un contrasentido desde el momento que se trata de un recurso no renovable cuya extracción sucede mucho más rápidamente que su reposición por los procesos geológicos. Asimismo, son muy raras aún las experiencias de completa utilización de oro reciclado por los productores que lo usan (78% del oro extraído se usa para joyería, el otro 22% se usa para aplicaciones financieras, electrónicas, de odontología, computadoras, medicina, aeroespacio, etc.). Aún en el caso del reciclaje es sabido que este proceso requiere de la utilización de energía y de químicos bastante tóxicos como el ácido nítrico.
Si diéramos el beneficio de la duda al proyecto, la baja calidad de la discusión que se ha promovido nos llevaría a tener que abrazar el Principio Precautorio (Principio 15 de la Declaración de Río de Janeiro) según el cual si una acción o política pudiera causar un daño severo o irreversible al público, en ausencia de un consenso científico indicando que no causará daño, la evidencia de la prueba recae en los que abogarían por tomar la acción. Desde esta perspectiva justificamos oponernos al Proyecto Crucitas, pues no nos parece que la compañía Infinito Gold o el gobierno de Costa Rica en sus motivaciones del decreto que declaró este proyecto de utilidad pública hayan proveído la evidencia apropiada.
Como dijimos antes hemos llamado a que se haga un balance adecuado desde la perspectiva económico ecológica de los costos en pérdida de servicios ambientales que generaría el proyecto. Con el afán de contribuir al diálogo hemos hecho una estimación provisional mediante la metodología popularizada por el reconocido científico Robert Costanza del Instituto Gund de Economía Ecológica de la Universidad de Vermont.
Las 300 hectáreas que el proyecto pretende convertir en tajos, lagunas de relave y otras instalaciones producen hoy día en servicios ambientales aproximadamente un total de entre $450.170,00 y $1.488.980,00 por año. Si la operación dura 9 años, el costo sube a una suma entre $4.051.530 y $13.400.820,00. Este costo ambiental debería tomarse en cuenta en los cálculos de rentabilidad del proyecto en tanto internaliza parte de las externalidades generadas.
Ahora bien, es el costo exclusivamente de las pérdidas por el cambio del uso de la tierra. No toma en cuenta la pérdida de servicios desde el momento en que terminen las operaciones hasta que los ecosistemas vuelvan a estar en el estado en que se encontraron. En un artículo anterior en Página Abierta, el geólogo Allan Astorga abundó en detalles de otras externalidades a tomar en cuenta: transporte de sustancias peligrosas, contaminación del acuífero, cauces de los ríos y quebradas, efectos sobre la salud local, etc.
En la ecuación Infinito Gold desea incluir 300 hectáreas que se han comprado con el fin de dejarlas como bosques. De éstas, 2/3 ya se encuentran con bosque intervenido a principios de los años 90. El resto son potreros arbolados que, de por sí, ya producen servicios ambientales. Si bien es cierto estos terrenos brindarán servicios ambientales de bosque una vez que alcancen la madurez es justo señalar que los cálculos son diferentes pues no se trata de una ganancia donde se parte de un uso de la tierra de terreno descubierto.
Como puede apreciarse, la virtud económica del proyecto no es tan sencilla como se ha querido presentar y amerita el esfuerzo de aclaración que aquí apenas se insinúa. Quede entonces claro que nuestra posición en virtud del Principio Precautorio se mantiene en oposición al proyecto.
Bernardo Aguilar González es Economista Ecológico y Director Ejecutivo de la Fundación Neotrópica.