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Conflictos, Valor de los Servicios Ambientales y Áreas Silvestres Protegidas de Costa Rica

Foto: Humedal Nacional Térraba Sierpe

Por Bernardo Aguilar
Costa Rica

Existe en algunos sectores de nuestro país la percepción de una dicotomía estricta entre conservación y actividades productivas. Así, cuando se plantean proyectos de ley como la iniciativa de permitir la pesca dentro de las áreas marinas de los Parques Nacionales o actividades de extracción de energía dentro de los mismos, se tiende a reforzar esta dicotomía. Se levantan las voces que acusan a los conservacionistas de querer obstaculizar el desarrollo y de convertir a Costa Rica en un museo.
Artículo publicado en Revista Ambientico, noviembre 2011.

[Foto de Humedal Nacional Térraba Sierpe. El Humedal Nacional Térraba-Sierpe genera, de acuerdo con los resultados del Proyecto ECOTICOS un valor monetario anual por hectárea en servicios ambientales de entre $14.000 y $143.000. Foto Cortesía de Azur Moulaert, Proyecto ECOTICOS]

Vale la pena aclarar primeramente que esa dicotomía es falsa en tanto los Parques Nacionales y Reservas Biológicas ya generan una serie de servicios ambientales que se manifiestan en servicios ambientales que benefician al país tanto en su economía como en el bienestar social y cultural de sus habitantes. A los economistas se nos acusa de saber estimar los precios de todo pero de no saber estimar el valor de nada. Por ello valga apuntar cualitativamente que el valor estético de nuestras áreas silvestres protegidas quizás tenga que ver bastante con el hecho de que seamos el país más alto en el Índice del Planeta Feliz (Abdallah, Thomson, Michaelson, Marks y Steuer, 2009) o que respecto a nuestra huella ecológica la biocapacidad costarricense sea, en términos relativos, más alta que el promedio mundial (WWF, Global Footprint Network y ZSL, 2010).

Nuestra capacidad hídrica y de fijación de carbono, servicios ambientales hoy día vistos como estratégicos a nivel mundial, se ve aumentada por la labor de estas áreas silvestres protegidas. Estos indicadores nos aumentan la calidad de vida y la salud a todos los costarricenses. Ahora bien, ni siquiera estamos entrando en detalles como los beneficios del verde de nuestras montañas o del clima benevolente en algunas zonas del país para la salud.

En aspectos culturales debemos resaltar los beneficios que pueden proveer estas áreas respecto a la calidad de vida de nuestras culturas indígenas en sitios como Hitoy Cerere, la Amistad y otros. En muchos casos la medición de estos beneficios en forma monetaria es una subestimación enorme en tanto pretender englobar la totalidad del valor de estos elementos es imposible. Por ello, las escuelas de la Economía Ecológica hablan de que hay en muchos casos inconmensurabilidad que motiva la utilización de múltiples criterios (culturales, sociales y biofísicos) para comprender cualitativamente el valor de los servicios ambientales. Nótese asimismo que no se trata de beneficios superfluos sino que son condiciones básicas de calidad de vida que simplemente no son compensables por vía monetaria.

Ahora bien, pasando a las estimaciones puramente monetarias, debe aclararse que inclusive en éstas se hallan fuertes motivaciones para superar la dicotomía acusada arriba. Debemos primeramente aceptar que las situaciones descritas arriba configuran la “marca” o reputación de república verde con la que nuestro país es reconocido y se promociona en el extranjero (Evans, 1999). Así, la última campaña del ICT incluye explícitamente la noción de que Costa Rica es un país ambientalista al tiempo que es el país más feliz del mundo. La relación entre esa imagen verde y el éxito del turismo en el país es innegable.

Esta imagen no subsistiría si el Estado no es cuidadoso de la forma en que usa los parques. Es una de las inversiones necesarias para mantener el éxito. El país, como lo demuestran las constantes publicaciones cuestionando su reputación, debe estar listo a rendir cuentas en un aspecto en el que es relativamente exitoso. Ahora bien, el turismo genera anualmente cerca de $2.000 millones en divisas contribuyendo alrededor de un 7% del PIB del país, un 23% de las divisas por exportaciones y cerca de un 13% de los empleos directos e indirectos. Según Moreno Díaz, Hoden, Floquet y Mongbo (2011), cerca de $935 millones de esa suma son atribuibles directamente a los Parques Nacionales y Reservas Biológicas en tanto un 60% de los turistas visitaron estas áreas. El total de beneficios socioeconómicos anuales (turismo, agua para la generación de energía hidroeléctrica, empleo directo e indirecto, entradas a los parques, recursos para la conservación de vida silvestre, compra de tierras y pagos por servicios ambientales) suman $1.358 millones. Así, el rédito para el país se puede estimar en una cantidad de $2.085 por hectárea por año para los Parques Nacionales y Reservas Biológicas contribuyendo alrededor de un 5% del PIB del 2009.

Son montos nada despreciables que deben ser tomados en cuenta como potenciales costos de oportunidad de cualquier actividad extractiva que se realice dentro de los parques. Asimismo, los fondos que se destinan a la conservación de los Parques Nacionales y Reservas Biológicas y que financiamos en parte todos los contribuyentes del país no deben categorizarse como gasto público sino como inversión social.

Ahora bien, los Parques Nacionales y Reservas Biológicas cubren solamente el 12,2% del territorio nacional. Es decir, el resto del 25% que publicitamos al mundo como parte de nuestra marca verde se encuentra en otros modelos como Refugios de Vida Silvestre, Reservas Forestales, Zonas Protectoras, Reservas Indígenas y Humedales.

En estos casos muchos de los servicios ambientales que generan pasan muchas veces desapercibidos o no son compensados por sus beneficiarios. Piense el lector por ejemplo en los Hoteles y las fincas agrícolas y ganaderas que se encuentran dentro de áreas como la Reserva Forestal Golfo Dulce. Asimismo cabe citar las numerosas camaroneras o salinas que se encuentran dentro de las reservas de humedales del país.

Por ejemplo, la Fundación Neotrópica ha estimado la generación de servicios ambientales para el Humedal Caribe Noreste en un monto de entre $2.800 y $46.000 por hectárea por año con motivo del conflicto fronterizo con Nicaragua (Aguilar González y Moulaert Quirós, 2011). En la misma línea, la ONG estadounidense Earth Economics estimó el valor de los servicios ambientales que generan las zonas de humedal terrestre y manglar Humedal Nacional Térraba-Sierpe en un rango de $14.000-$143.000 por hectárea por año (Earth Economics, 2010).

En el caso de estos modelos, la retribución de los impuestos es muchísimo más limitada en razón de que no son modelos estrictos y tienen un manejo limitadísimo de parte del MINAET. Sin embargo, contribuyen con estos valores en servicios ambientales tales como la prevención de inundaciones, producción de alimento, materiales y regulación de gases de efecto invernadero. De hecho, en esta última línea, los ecosistemas de manglares y humedales han sido identificados en los últimos años como los que mayormente contribuyen con la fijación de carbono (al menos 3 veces lo que fija un bosque tropical de otro tipo) (Laffoley y Grimsditch, 2009).

Así que la contribución económica, social y cultural de las áreas silvestres protegidas del país es sumamente significativa, más allá de los beneficios exclusivamente ecológicos. Por ello no solamente debemos ver más allá de las dicotomías que las consideran contrarias al desarrollo sino que debemos tomar en serio sus beneficios a la hora de plantear alternativas que puedan dañar sus ecosistemas y la contribución que hacen a la economía verde costarricense.



Bibliografía

Abdallah, S., Thomson, S., Michaelson, J., Marks, N. y Steuer, N. (2009) The UnHappy Planet Index 2.0. Why Good Lives Don´t Have to Cost the Earth. Londres: New Economics Foundation.

Aguilar González, B. y Moulaert Quirós, A. (2011) A Preliminary Ecological-Economic Estimation of the Environmental Service Loss Due to the Current Ecological Conflict in the Isla Portillos Region in the Caribe Noreste Wetland in Northeastern Costa Rica. San José, Costa Rica: Fundación Neotrópica.

Earth Economics (2010) Nature’s Value in the Térraba-Sierpe National Wetlands: The Essential Economics of Ecosystem Services. Seattle, Washington: Earth Economics.

Evans, S. (1999) The Green Republic. A Conservation History of Costa Rica. Austin, Texas: University of Texas Press.

Laffoley, D. y Grimsditch, G. eds. (2009) The Management of Natural Coastal Carbon Sinks. Gland, Suiza: UICN.
Moreno Díaz, M., Choden, S., Floquet, A. y Mongbo, R. (2011) Protected Areas-NotJust for Biodiversity Conservation: The Contributions of Protected Areas to the Economics and Social Development in Bhutan, Costa Rica and Benin. Heredia, Costa Rica: CINPE.

WWF, Global Footprint Network y ZSL (2010) Living Planet Report. Biodiversity, biocapacity and development. Gland, Suiza: WWF.

Fecha: 28/11/2011
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