Turismo rural comunitario: oportunidad, no fórmula mágica (18-01-2012)
Por Alexander González Costa Rica
El último día del 2011 me encontró en el Territorio Indígena Boruca, después de haber presenciado la “nacencia” o nacimiento de los diablitos, dando inició así a una de las tradiciones culturales más valiosas que se pueden vivir en Costa Rica. Sin duda una actividad muy enriquecedora para cualquier persona que tenga la oportunidad de vivirla.
Esta columna se publica todos los martes en El País
Inicio este artículo haciendo referencia a esta celebración por ser expresión cultural viva y que refleja como el turismo rural ha contribuido al rescate y revalorización de muchas de las expresiones culturales costarricenses. En el caso de Boruca, la labor de don Ismael González y don Espíritu Santo Maroto (q.e.p.d.), fue fundamental para dar el impulso que el rescate de la cultura indígena Boruca necesitaba, permitiendo así el incipiente desarrollo turístico de la comunidad.
En los últimos años la gran afluencia de visitantes tanto nacionales como extranjeros para vivir este festejo ha contribuido a que la Fiesta de los Diablitos sea cada vez más un espacio de rescate y revalorización de su cultura, además de convertirse en una oportunidad para generar un beneficio económico. A decir verdad, no se podría afirmar que desde un inicio este festejo se haya dado de la manera más adecuada y tampoco se podría negar que faltan muchas cosas por mejorar para que turismo y tradición puedan convivir de la mejor manera, lo que sí es evidente es el hecho de que la gran afluencia de visitantes ha incentivado en el pueblo Boruca el hacer un mayor esfuerzo por mantener sus tradiciones, rescatarlas y expresarlas cada vez de una mejor manera.
Unos meses atrás un artículo de opinión publicado en otro diario se refería a este tipo de turismo como un engaño a las comunidades rurales del país ya que, según el autor, se promueve como la panacea a las problemáticas de las zonas rurales del país. Si en algo coincidimos es que el Turismo Rural Comunitario o TRC no es la solución mágica a las carencias que muchas comunidades rurales viven, sin embargo, a través de los últimos 20 o 30 años el país ha visto como esta sinergia entre protección de la naturaleza, rescatar las tradiciones culturales, y complementar actividades económicas tradicionales con el turismo es una realidad innegable.
El TRC debe ser entendido como un enfoque de gestión de la actividad turística en el cual las comunidades locales se empoderan del proceso turístico. Es decir, participan de todas las etapas para generar un producto o experiencia turística desde su concepción hasta su operación. Esto lleva a que además de ser una actividad en la que se pueden ofrecer experiencias clásicas del turismo rural y el agroturismo (p.ej visita a comunidades, participación en actividades agrícolas, paseos a caballo), también se pueden ofrecer actividades del ecoturismo, del turismo de aventura y del turismo cultural. La riqueza de esta combinación evidencia que el turismo gestionado desde el enfoque del TRC tiene el potencial de ser muy competitivo en el entorno turístico nacional.
A lo anterior le agregamos que al TRC se le gestiona por medio de organizaciones asociativas (p.ej asociaciones y cooperativas) con gestión y beneficios para todos sus miembros. Además esta actividad ha tenido una evolución tal en el país que las empresas de TRC se han agremiado para formar agencias de viaje y tour operadores, permitiendo una mayor participación de las comunidades en los beneficios que genera el turismo para el país.
En cuanto a sostenibilidad, podríamos mencionar muchos aspectos positivos que tiene el TRC. El mismo consiste en el rescate de los valores culturales sin abandonar las actividades tradicionales generando así su sostenibilidad social. Se gestiona generalmente por medio de empresas de la economía social generando su sostenibilidad económica. Finalmente, se desarrolla a pequeña escala y respetando el entorno natural generando su sostenibilidad ambiental.
Entre los riesgos del turismo, es claro que éste es susceptible a los acontecimientos en otras partes del mundo como la reciente crisis financiera o las guerras. De allí que no parece prudente que ninguna comunidad sustituya la totalidad de sus actividades económicas tradicionales y/o cotidianas para dedicarse a la actividad turística. Como actividad complementada y dados los beneficios apuntados del TRC podemos concluir que representa una verdadera oportunidad para mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales.
Cabe cuestionarse cuál modelo turístico es el mejor para el país. Es bien conocido el modelo de desarrollo turístico que se ha implementado en el Pacífico Norte y Central basado en el turismo de resorts de sol y playa, con cientos de habitaciones y bajo la modalidad “todo incluido”. Un informe elaborado por el Centro para el Turismo Responsable (CREST) de la Universidad de Stanford en los EEUU al analizar el desarrollo turístico en la costa del Pacífico de Costa Rica, dictamina que compitiendo en este mercado el país pierde su credibilidad internacional de destino sostenible y sin ingredientes artificiales, a la vez que pierde competitividad turística ya que no cuenta con playas de clase mundial como en otros destinos de la región.
Las mismas estadísticas del ICT señalan que la cantidad de empleos que genera el alojamiento turístico de 50 habitaciones y menos no son significativamente menores que las que generan los de mayor tamaño. Caben entonces una serie de interrogantes sobre lo que se quiere para el futuro turístico del país en zonas donde el modelo a gran escala (llamado por algunos el modelo guanacasteco) no ha sido implementado. ¿Queremos que siga aumentando el desarrollo inmobiliario provocado por el desarrollo del turismo residencial con los impactos y exiguos beneficios para las comunidades locales que se le acusan? ¿Queremos alterar el modelo turístico del Pacífico Sur mediante la construcción de un aeropuerto internacional en medio del Humedal Nacional Térraba Sierpe? ¿Estamos dispuestos a arriesgar toda esta riqueza natural y cultural por un modelo turístico cuyos beneficios para las comunidades locales son inciertos?
El turismo rural comunitario podría también generar oportunidades para zonas como las comunidades en la zona fronteriza del país y el Humedal Caribe Noreste. ¿Por qué no aprovechar las oportunidades que generan obras de desarrollo que se empiezan a realizar en la zona para implementar alternativas económicas como el TRC, generando así el empoderamiento comunal y reduciendo su dependencia en la inversión exógena?
Si bien es cierto el turismo rural no es una fórmula mágica para solucionar los problemas que aquejan a muchas de las comunidades rurales del país, sí representa una oportunidad para dinamizar economías de escala y reforzar la imagen de destino turístico sostenible por la que es reconocida Costa Rica internacionalmente. Démosle su justo lugar.